{"id":11843,"date":"2013-02-26T19:01:14","date_gmt":"2013-02-26T17:01:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.suicidebystar.com\/blog\/?p=11843"},"modified":"2013-11-11T12:48:09","modified_gmt":"2013-11-11T10:48:09","slug":"the-sound-from-the-lions-mouth-1981","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.suicidebystar.com\/the-sound-from-the-lions-mouth-1981\/","title":{"rendered":"The Sound &#8211; From The Lions Mouth (1981)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.suicidebystar.com\/blog\/2013\/02\/26\/the-sound-from-the-lions-mouth-1981\/sound-from-the-lions-mouth\/\" rel=\"attachment wp-att-11846\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-cover wp-image-11846\" alt=\"sound-from-the-lions-mouth\" src=\"http:\/\/www.suicidebystar.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/sound-from-the-lions-mouth-350x350.jpg\" width=\"350\" height=\"350\" srcset=\"https:\/\/www.suicidebystar.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/sound-from-the-lions-mouth.jpg 350w, https:\/\/www.suicidebystar.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/sound-from-the-lions-mouth-150x150.jpg 150w, https:\/\/www.suicidebystar.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/sound-from-the-lions-mouth-300x300.jpg 300w, https:\/\/www.suicidebystar.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/sound-from-the-lions-mouth-280x280.jpg 280w, https:\/\/www.suicidebystar.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/sound-from-the-lions-mouth-75x75.jpg 75w\" sizes=\"(max-width: 350px) 100vw, 350px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El mundo de la m\u00fasica se compone, m\u00e1s all\u00e1 de estrofas irrompibles y melod\u00edas perennes, de personajes e im\u00e1genes que trascienden el tiempo y el momento, y se convierten en iconos que todos reconocemos como parte de la cultura popular. Algunos de los que han sido elevados a los altares de la eternidad han sido personajes cuyo conflicto interior era el man\u00e1 del que alimentaban su talento, pero tambi\u00e9n la misma fuerza que les llevaba posteriormente a terminar con todo de manera voluntaria o involuntaria, incapaces de llevar adelante una vida que no terminaban de entender o de poder moldear a su gusto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esos mismos m\u00e1rtires mor\u00edan a veces de \u00e9xito o intentando llegar a el, quiz\u00e1 sin comprender del todo el c\u00f3mo y el porqu\u00e9 de las cosas que surg\u00edan a su alrededor, o mismamente de un exceso de comprensi\u00f3n. Da igual, puesto que al fin y al cabo el halo de romanticismo que se crea a su alrededor tras el deceso distorsiona muchas veces el verdadero reflejo del personaje.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adrian Borland formar\u00eda a <strong>The Sound<\/strong> de las cenizas de su anterior banda &#8211; <strong>The Outsiders<\/strong> &#8211; en Inglaterra el mismo a\u00f1o que sus compatriotas <strong>Joy Division<\/strong> editaban <strong>Unknown Pleasures<\/strong>, en 1979. Se separar\u00edan casi una d\u00e9cada despu\u00e9s, en 1988, tras editar cinco discos y una docena de singles y EP&#8217;s, pero sin lograr excesivo reconocimiento a nivel de p\u00fablico. El olvido y los despiadados cambios generacionales que fagocitan grupos y g\u00e9neros enteros en funci\u00f3n de las modas, hicieron el resto y se encargaron de echar capas y capas de polvo sobre el nombre de <strong>The Sound<\/strong>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adrian sigui\u00f3 con su carrera en solitario, componiendo temas, editando discos bajo distintos nombres y colaborando con otros artistas, pero sobre todo, manteniendo una dur\u00edsima lucha contra un trastorno esquizoafectivo que le sum\u00eda en temporadas de profundas y severas depresiones, una enfermedad que le caus\u00f3 un tremendo sentimiento de culpa al interferir, siempre seg\u00fan \u00e9l, en la carrera de <strong>The Sound<\/strong>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esa lucha tuvo un final que se puede intuir por el tono del texto. Ni los tres anteriores avisos en forma de intentos de suicido &#8211; ni la reclusi\u00f3n en un centro psiqui\u00e1trico en una de esas ocasiones-, disuadieron a Adrian de apartar la medicaci\u00f3n que ten\u00eda prescrita mientras ultimaba la grabaci\u00f3n de su nuevo \u00e1lbum. La explicaci\u00f3n que dio para ello es que las pastillas le sum\u00edan en una nebulosa que le imped\u00eda pensar con claridad, y necesitaba estar en plenas facultades para trabajar. Ese intento de buscar lucidez en las sombras le conden\u00f3 de manera definitiva sumergi\u00e9ndole en un brote muy agudo de depresi\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 le pas\u00f3 por la cabeza una vez liberado el monstruo de sus cadenas? Quiz\u00e1 fue el miedo, quiz\u00e1 fue el dolor, pero Borland puso fin a su vida el 26 de abril de 1999 lanz\u00e1ndose a las v\u00edas de la estaci\u00f3n de Wimbledon durante el paso de un convoy.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>The Sound<\/strong> son una parte important\u00edsima de su legado y hasta la llegada de internet y del sello Renascent (que reedit\u00f3 su cat\u00e1logo a principios de este siglo), fueron una de las perlas ocultas que nos leg\u00f3 un g\u00e9nero que ahora se reivindica tanto como el post punk. Es muy f\u00e1cil establecer entre esta banda y <strong>Joy Division<\/strong> ciertos paralelismos que gustan de recrearse en las figuras, atormentadas y enfermas, que en ambos casos dieron vida a los entes que les sobrevivieron. Pero mientras la banda de Ian Curtis mostr\u00f3 siempre una halo que refulg\u00eda en tonos oscuros y profundamente nihilistas, <strong>The Sound<\/strong> siguieron una l\u00ednea con la que era m\u00e1s f\u00e1cil emparentarles en sonido y filosof\u00eda a bandas como <strong>Echo &amp; The Bunnymen<\/strong>, <strong>The Chameleons UK<\/strong> o <strong>The Psychedelic Furs<\/strong>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>From The Lions Mouth<\/strong> fue su segundo trabajo, editado en 1981 por Korova. Precedido por el moderado \u00e9xito logrado con <strong>Jeopardy<\/strong> (tambi\u00e9n editado en Korova un a\u00f1o antes), este \u00e1lbum refleja mejor que ning\u00fan otro la dicotom\u00eda que ung\u00eda el interior de su principal compositor. Es cierto que posteriormente oscurecer\u00edan y retorcer\u00edan su sonido con el sucesor de este segundo trabajo (<strong>All Fall Down<\/strong>, Warner Bros, 1983), pero eso respond\u00eda m\u00e1s bien a la protesta del grupo por la exigencia del sello para que compusieran temas m\u00e1s abiertamente comerciales, precisamente haciendo lo contrario que esperaban de ellos. Por calidad, el segundo trabajo de la banda ten\u00eda todas las papeletas para convertirse en la catapulta que les elevara a los altares del g\u00e9nero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desgraciadamente no lo fue nunca para <strong>The Sound<\/strong> y en una de esas crueles y extra\u00f1as iron\u00edas del destino, todo fueron parabienes por parte de la cr\u00edtica pero sin cuajar entre el p\u00fablico y el mercado. El trastorno que afectaba a Adrian Borland parec\u00eda haber tomado el mando durante la composici\u00f3n de los temas que formar\u00edan este <strong>From The Lions Mouth<\/strong>: Momentos de l\u00fagubre lucidez, desesperanza y hast\u00edo vital que se combinan con lo opuesto, con las ganas de ver la luz al final del t\u00fanel, con la actitud de no rendirse ante las adversidades, convirti\u00e9ndose en la predominancia de un \u00e1lbum bello y cat\u00e1rquico, pero tambi\u00e9n hiriente y punzante. El mejor ejemplo se da nada m\u00e1s empezar con los m\u00e1gicos teclados de <em>Winning<\/em> y el estribillo rezando &#8216;I was going to drown, Then I started swimming&#8217;, dolorosamente premonitorio y fatal, ofreciendo la otra cara de la moneda en la crudeza y desnudez de la demoledora simpleza del estribillo de <em>Skeletons.<\/em> y su &#8216;We&#8217;re living like skeletons&#8217;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esa dualidad es la se\u00f1a de identidad de un trabajo que se cimenta en la base del post punk, donde hay bajos que se pre\u00f1an de la herencia de <strong>Joy Division<\/strong> (<em>Posession<\/em>) pero que tambi\u00e9n galopan hacia adelante, desbocados (<em>The Fire<\/em>). En la vertiente m\u00e1s abiertamente pop y coqueteando con la new wave, hay verdaderas obras de orfebrer\u00eda refulgiendo melancol\u00eda y sencillez (<em>Silent Air<\/em>), o perfectos crescendos rebosando \u00e9pica marcializada como el cierre del disco, <em>New Dark Age<\/em>. Los diez cortes (m\u00e1s uno incluido en la \u00faltima pista en la reedici\u00f3n de 2002) que conforman este <strong>From The Lions Mouth<\/strong> son de una belleza tan arrebatadora como lacerante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras la historia ha ido poniendo en lugares de privilegio a discos como <strong>Unknown Pleasures<\/strong>, <strong>Pornography<\/strong> o <strong>Crocodiles<\/strong>, en cuanto que la adoraci\u00f3n alrededor de la figura de Curtis ha ido engrandeci\u00e9ndose con el paso del tiempo &#8211; deformada en parte por un halo de romanticismo fatuo e innecesario-, en el extremo opuesto tenemos una historia de perdedores injustamente maltratados por un macabro retru\u00e9cano del destino. <strong>From The Lions Mouth<\/strong> pudo haber sido y no fue, pero lo que es indudable es que es un disco que puede mirar a los ojos a otros privilegiados, tratarles de t\u00fa a t\u00fa sin miedo, mientras que la figura de Adrian Borland es tan reivindicable que hasta da cierto miedo que, por querer hacerle justicia a uno de los mejores compositores de la d\u00e9cada de los 80, se corrompa toda su magia por esos excesos que tanto se dan en la mitoman\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><div class=\"video-container video-containerx\"><div class=\"entry-content-asset\"><iframe width=\"1140\" height=\"855\" src=\"https:\/\/www.youtube-nocookie.com\/embed\/x13lIPL1ffI?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allowfullscreen><\/iframe><\/div><\/div><\/p>\n<div id=\"widget\" style=\"width: 500px; 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